domingo, 18 de septiembre de 2016

Érase una vez...

Corría el viernes 18 de Septiembre, pero del 2015, cuando en Ann Arbor (Michigan) y a eso de las 8 de la mañana, el flamante Verano negro arrancaba el motor y echaba a recorrer millas tras una intensísisma tarde cargando bártulos en Island drive. Si no es por la ayuda de Rebecca, aún seguiría allí. Cuando el reloj marcaba las 8.32 de la mañana, recogía a mi amigo Germán para emprender el camino. Como Sancho y Quijote, Epi y Blas, Batman y Robin o Han Solo y Chewbacca y sin entrar a especificar quién era quién, salíamos de la casa de Germán y María conocida popularmente con el sobrenombre de "Km. 0" y nunca mejor dicho en esta ocasión, con destino final Miami.
Tiempo de ruta sin paradas según google maps: 21 horas.
Distancia: 2211 km.
Algo así como Madrid-Berlin...
Como comprenderéis no lo hicimos del tirón. No porque en 21 horas tuviéramos que parar a comer, a repostar, a hacer pipí o popó, sino porque era viernes y a 8 horas de camino en el mapa había una palabra escrita que decía Nashville. (¡oh sí!, Nashville, ciudad amada...). Y tras sentir que la ciudad me llamaba una vez más, decidí que sería "conveniente" "dormir" allí. Lo de dormir siempre entre comillas.


El sábado recorreríamos otras 8 horas hasta Savannah. Ciudad de la cual no conocíamos nada pero wikipedia nos informaba que era la ciudad más "hechizada" de los Estados Unidos. Ante tal reclamo, como no hacer un alto en el camino y "turistear" por allí...


Y finalmente, otras 8 horas el domingo para cruzar de norte a sur el denominado "estado soleado" de Florida y llegar a la ciudad de Miami muy tarde y muy cansados. Más de lo que imaginábamos.


Eso de salir, beber, bailar, acostarse tarde y conducir 8 horas al día siguiente no se lleva bien. No lo recomiendo. Posiblemente, no debería haberlo hecho, pero con un año de distancia sí que lo recomiendo y sí que me alegro de haberlo hecho.

Las primeras 8 horas fueron bien. Precisamente por eso, eran las primeras 8 horas. Era lo esperado y nos esperaba Nashville. Para los que me conocéis, y sabéis que soy mas nocturno que un murcié-ga-lo (ya aceptado por la RAE) os diré que si tuviera que elegir una ciudad para pasar una noche de fiesta en el mundo posiblemente me iría a Nashville.


Será esa mezcla de bares con música country en directo, violines, rubitas de ojos azules bebiendo cervezas y bailando con botas de cowboy,



mezclado con el olor de las costillas, el brisket y la salsa barbacoa que me confunde. Me confunde mucho.


Tras un tercio del día sentados en el coche, viendo árboles, coches y hormigón, llegábamos al hotel, tirábamos de uber y en unos minutos estábamos en Broadway Street con el olor de la comida sureña, las manos llenas de grasa, los ojos repletos de estímulos y la boca con sabor a Blue moon.


Coronando nuestra felicidad y el quinto de los sentidos la música de "Ring of fire" de Johnny Cash o "Springsteen" de Eric Church en nuestros oídos... 


Una noche divertidísima (Nashville nunca falla) entre Jack, Tootsie, y Honky Tonk, nuestros sitios de peregrinaje en la ciudad del country. Siempre recordaremos a aquel tipo, de posiblemente más de 150 kilos, humilde, que se "enorgullecía" de poder hablar con dos investigadores de la Universidad de Michigan, que nos mostró una foto de su "crío", una criatura de 18 años, y tantos kilos como el padre y que nos presentó a su novia, la cual nos confesaba rápidamente en privado que se habían conocido hace unas semanas y era la segunda vez que salían juntos. Futuro votante de Donald Trump, quedaba convencido por mi amigo German de que debería recapacitar su voto. Y es que German sería capaz de convencer a una piedra de que es un águila.

Bien entrada la madrugada y tras mucha diversión nos íbamos a la cama para levantarnos y dirigir nuestros pasos hacia Savannah. Me despedía de Nashville hasta hoy... espero que no por mucho tiempo...

Las segundas 8 horas se hicieron infumables, con la excepción de los preciosos parajes que bordeaban al río Tennessee. Lo demás fue una tortura. Sueño, resaca, malestar, aburrimiento, desesperación, cansancio, y todo lo que se os ocurra. Al poco de salir, parábamos para reponer fuerzas, y conociendo a mi compi de viaje, sabía que no hay nada como unas gambitas para animarle el almuerzo.


A eso de las 3 de la tarde, alcanzábamos la mitad del viaje. En aquel momento aún nos quedaban 5 horas para llegar al hotel.


El coche con el control de crucero, volante quieto y un camino de 8 horas. Las canciones se repetían hasta la saciedad en la radio, escuchamos "El Larguero", "El partido de las doce", "Milenio 3", "La rosa de los vientos" y todo los podcasts que encontramos que pudieran aportar entretenimiento...

A eso de las 9 de la noche llegábamos a Savannah y si la hubiera conocido, posiblemente me hubiera duchado y acostado, pero teníamos mucha curiosidad por conocer la ciudad donde se rodó "Medianoche en el jardín del bien y del mal". Así que ¡salimos!.

Entre lo cansado que estábamos y el recuerdo de la noche de Nashville, no seríamos justos al compararlas. Pero nos sorprendió la cantidad de gente que había en la calle haciendo absolutamente "nada". Como si se tratara de uno de esos paseos marítimos en España donde la gente en verano sale a la calle simplemente porque es verano, porque en las casas hace calor, sales, paseas, y te sientas en cualquier sitio llanamente por el hecho de disfrutar de la temperatura y el ambiente. Sin duda, empezábamos a percibir el ambiente sureño y a quedarnos hechizados de la ciudad georgiana.

Por la mañana y antes de partir, dedicamos unas horas a pasear por la pequeña ciudad. Nos dejamos ir por las inmediaciones del Rio Savannah,  



la Catedral de San Juan Bautista, 


y poco a poco, nos vimos inmersos y atrapados en sus características plazas ornamentadas (24 en total),


de sus estatuas y fuentes, 


de sus árboles,



¿A quién no se le viene a la memoria Forrest Gump sentado en su banco?
(Por cierto ya no está, lo llevaron a un museo).


Tantas y tantas imágenes de películas y series del viejo sur de los Estados Unidos. 


Atrapados por sus pintorescas casas anteriores a la Guerra de Secesión.




Sin duda habrá que volver... por que ya era mediodía y debíamos salir para Miami. El viaje se acababa... Tras otras tantas horas de coche y a una hora de Miami, casi a las 10 de la noche, divisábamos "Mordor". Una de esas tormentas tropicales de verano, las cuales después de un año aquí ya no sorprenden, nos acompañaba al final del viaje.


Rayos, lluvias y centellas como si el cielo fuera a partirse en dos, o a caerse sobre nuestras cabezas que diría Asterix. 


Con Germán de vuelta a Michigan, el coche descansando, las maletas abiertas y los pies sin calcetines en la habitación del hotel, me invadía la soledad de quedarme en mi nueva ciudad. Sin casa, con los muebles, las maletas y las cajas en un camión de mudanza en algún lugar de Florida. Con un coche lleno de los trastos considerados imprescindibles, incluido el acuario, vacío eso sí, además de una maleta con ropa para un par de semanas, y sin conocer a nadie más que a mi jefe en todo Miami.

Amanecía un 20 de Septiembre.  
Empezaba la nueva vida en Miami,


el principio de una nueva etapa,



se escribían las primeras letras de Miami Tomorrow...

comenzaba la aventura....

miércoles, 31 de agosto de 2016

Palmeras en la nieve

Estoy de vuelta.
Por que tenía unas ganas loquitas por escribir.
Por que tengo cosas que contar.
Y por que ahora que estuve en España hubo gente que me lo pidió. Y si la gente que te quiere te lo pide no se le puede decir que no... 

He tardado, sí. Pero, sinceramente, no sabía que contaros. Absurdo, lo sé. Supongo que es la crisis de la pagina en blanco. La desgana. El miedo al que voy a contar...

Honestamente, antes de empezar con esto me he preguntado muchas cosas. ¿Para qué?, ¿por qué?, ¿si merecía la pena?...
Le he dado mil vueltas. A las fotos, a como escribirlo de mil maneras, a un diseño espectacular... y busqué y busqué y busqué una fórmula que nunca llegó.
He tenido que excavar mucho dentro de mi para acordarme de como empecé a escribir Ann Arbor Today. Era básico, sencillo. Hace dos días lo vi claro.

Cuando empece con Ann Arbor Today (2009) sólo quería contarle a mi familia y a mis amigos como era aquel mundo. Ahorrarme emails y sms en una época sin mucho Facebook ni whatsapp. Al principio casi no ponía fotos o eran de aquellos móviles antiguos de muy mala calidad. Un blog mucho más rudimentario que este. Eran otros tiempos y era otro yo.

Con todo esto dándome vueltas en la cabeza en las últimas semanas y pensando por donde empezar, que contar y a quien contárselo... he pensado que habría alguien al que de verdad me apetecería contarle mil y una historias de Miami. Como cuando empecé allá por Octubre del 2009.
¡¡¡Como no iba a saber que contarle a él!!!

Me apetecería decirle...

¿Te acuerdas aquel sitio al que fui con mi hermano que no me gustó?...
He terminado viviendo allí. Aunque ahora me gusta bastante más, la verdad...

Mamá vino a verme. Ella sola. La tenías que haber visto. Aunque me tendrías que confesar algo, por que creo que la primera vez que vinisteis, casi que vino ella sola también. Me sigue preguntando que he comido y que tiempo hace todos los días. Pero ahora en Miami es mucho más fácil: Siempre sol y calor y a veces llueve.

Vivo en un piso que ni te lo creerías. Piso 23. Ojalá nos pudiéramos tomar una copa de balón en la terraza sentados. No veas las vistas. A 15 minutos del curro y a 25 minutos de donde viven los cocodrilos. A veces también veo delfines y manatíes y voy de paseíto en barco muchas semanas... ¿Te acuerdas que me daban miedo las alturas? Pues me monté en una avioneta aunque no creo que lo repita. Ya te mostraré las fotos... Sigo viajando cada vez que puedo, Yeya Lili me seguiría llamando Willy Fog...

Y sí, pisha sí, he dejado atrás aquellas nevadas, el frío, los abrigos y los guantes. Ahora siempre en mangas cortas. ¡Ah! y me compré un coche. Mi primer coche. Los otros dos que tuve los comprasteis o me ayudasteis vosotros. Este me lo compré yo con mi dinero chaval. Y se llama Verano. Mola el nombre eh cabeza? La verdad es que lo compré con asientos de cuero negro y calefactables porque estaba en Michigan. Cualquiera pone el asiento a calentar aquí en Miami...

El trabajo bien, podría ir mejor... pero hago lo que puedo. La cabeza está para tener más que serrín... que me dirías tú.

He conocido a cantidad de gente nueva. Mis amigos de aquí en vez de físicos, químicos y biólogos, que también tengo algunos, son presentadores de televisión, productores, escritores, trabajan en yates o en compañías que mueven mucha pasta entre USA y latinoamérica... Las modelos, presentadoras y artistas no han querido hacerse amigas mias...

Estoy escribiendo minicuentos y ahora me ha dado por aprender a pintar. Sí, no voy a pintar como tu, eso está claro. Pero creo que tengo un montón de pequeños momentos que contar pintando. De momento he empezado por el tema 1 que es pintar rayas, muchas muchas rayas, así que ya te mostrare algo cuando lo tenga. Supongo que si de verdad sigo para delante te reirás de mi por que con la mano izquierda esta que tengo no se puede hacer casi nada bien, ni siquiera cocinar... Aunque me estoy haciendo famoso con mis tortillas entre los miamenses... ya me gustaría oírte riéndote desde el sofá, ya...

Y no te preocupes, mejoraré el blog, como pasó con el otro... pondré fotos, intentaré escribir mejor cada día... Ya se que las cosas se hacen bien o mejor no hacerlas. Sólo que después de un año sin escribir, me entraron las prisas por darte un esbozo y este quería empezarlo precisamente hoy y no otro día, ya sabes por qué.

En fin que tampoco te lo voy a contar todo hoy, tenemos toda la vida o hasta que me aburra. Sólo quería decirte que el último año ha sido un poco loco, mucho estrés y mucha diversión, muchas veces me he sentido desconectado y hasta perdido... Ha sido un año de mucho cambio entre Michigan y Florida, tanto, tanto, que uno llega a sentirse como una palmera en la nieve...


Siempre me funciona volverme a las cosas que me gustan para encontrarme.

Ya te iré contando...
Porque tengo ganas de contarte.